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El hambre emocional: causas, síntomas y 5 consejos.

Coaching – Descodificación Biologico – Emociones – Mandy Ciere

¿Alimentas tu cuerpo o tus emociones?

Cuando te sientes preocupado o estresado, ¿cuántas veces entras en la cocina? ¿consuelas a tu hijo con dulces y su ipad?  ¿te sientas en el sofá por la noche con una copa de vino y algo rico de comer porque te lo mereces? ¿Comes por aburrimiento o por una sensación de vacío en el estomago? o ¿tal vez te niegas a ti mismo el desayuno que realmente necesitas, te saltas el almuerzo con regularidad y de vez en cuando comes algo?

Eso no es el hambre que te hace comer en esas ocasiones, sino el hambre emocional. A grandes rasgos, podemos dividir la alimentación emocional en dos grupos: en comer demasiado o en negarnos la comida. En ambos casos significa que hay un conflicto emocional en el inconsciente que se proyecta en la comida, nuestra primera necesidad vital.

Lógica biológica.

Nosotros, como otros seres vivos, además del agua necesitamos comida para vivir. Nuestro proceso físico requiere una ingesta variada de alimentos para que nuestras células y tejidos se reparen. Si lo que comemos no sacia a nuestro cuerpo de esa necesidad, acaban agotándose las reservas existentes y cuando estas se agotan nos quedamos sin energía, nos irritamos o enfermamos. La naturaleza nos ha dotado con un reflejo automático: la sensación de vacío en el estómago, la cual es la motivación que nos impulsa a alimentarnos y, por lo tanto, a sobrevivir.

Lógica biológica de hambre emocional

No lo puedes recordar conscientemente, pero tu primera relación con la comida está íntimamente relacionada con tu mamá, cuando eras solo un grupo de células escondidas en su vientre y te alimentabas a través de ella o mientras sentías esa intensa sensación de seguridad tomando el pecho o el biberón en el regazo de mamá. Siendo atendidas todas tus necesidades, podías dormir con la barriga llena sabiendo que tenías aseguradas tus posibilidades de supervivencia. Tu madre era la fuente de amor y de alimento, pero tu padre necesitaba asegurarse de que todo estuviera allí, para que ella pudiera cuidarte en paz y equilibrio. Era un trabajo de dos.

Entonces, existe una relación compleja entre la comida, las emociones y la familia.

Antiguamente teníamos que hacer mucho esfuerzo para conseguir y/o almacenar nuestra comida, pero hoy en día con un supermercado, restaurante o bar en cada esquina, se nos hace muy fácil ceder a cada impulso de nuestro estómago o mente.  Además, la vida actual está llena de continuos estímulos, vivimos con un estrés cada vez mayor y una continua incertidumbre. Como resultado, comemos más que nunca, pero nunca nos hemos alimentado tan mal.

 ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste a tu cuerpo?

Pero, ¿cómo reconozco las diferentes señales de mi cuerpo? ¿Qué es realmente el hambre? y ¿qué función tiene la comida a la hora de calmar mis emociones?:

Cuando como emocionalmente, obtengo un alivio inmediato de la incomodidad que siento, pero la sensación es de corta duración, así que tengo que seguir repitiendo el patrón para no ceder a mis sentimientos.

¿Cómo rompes este patrón?

Para reducir o eliminar el hambre emocional es importante que puedas identificar las causas de tu comportamiento, es decir, cuáles son los sentimientos y pensamientos que sientes cuando quieres consolarte con la comida. Ten en cuenta que a veces también puede deberse a sentimientos positivos como el recompensarte por algo.

¿Prefieres algo crujiente y que tienes que masticar (rabia y enfado) o prefieres algo blando y que casi se deshace en tu boca (amor y atención)? ¿O prefieres comer chocolate que estimula a tu cuerpo a producir oxitocina, también llamada hormona del amor, que asegura que haya un vínculo directo entre madre e hijo?

Los siguientes pasos pueden ayudarte a concienciarte y encontrar el equilibrio adecuado entre la comida y las emociones:

Paso 1: Durante una semana, prepara cuidadosamente la mesa: tu plato, tus cubiertos y el mantel Te sientas y comes lo que te apetezca comer en ese momento (galletas, patatas fritas, sándwich, etc.). Cuando hayas terminado, vuelves a quitar la mesa. No comas nada de pie, caminando o sin prestar atención.

Paso 2: Presta atención conscientemente a lo que comes cuando te sientas a la mesa. Apaga la televisión y mantén tu teléfono fuera de tu alcance. Crea un momento para ti y para la comida que vas a ingerir.

Paso 3: Cuando sientas ese impulso inicial de querer comer, tómate un vaso de agua y respira hondo e intenta distraerte de esa primera idea de comida que te vino a la mente. Repasa tus pensamientos: ¿en qué estabas pensando que te causó esa sensación de vacío?

Paso 4: Empieza un diario emocional.  Haz un seguimiento de lo que comes y cuándo lo comes. Puede ayudarte a identificar los desencadenantes que te conducen a esa alimentación emocional. Te recomiendo que no te enfoques en la cantidad de calorías o la cantidad que comes, sino en lo que comes y cómo te sientes antes, durante y después de comer.

Paso 5: Y cuando estés listo, puedes hacerte las siguientes preguntas: ¿Cuál es la causa de este sentimiento? ¿Y qué necesitarías para poder sentirte mejor? ¿Dependes de alguien para lograrlo?

Encuentra otras formas de gestionar tus emociones

Si no sabes cómo manejar tus emociones de una manera «no alimentaria», no podrás controlar tus hábitos alimenticios por mucho tiempo. Si no eres consciente de lo que sucede dentro de ti, es más fácil para ti recurrir a cosas externas, como la dieta y otras formas de restricción alimentaria, que solo te harán desear más o menos comida.

Para dejar de comer emocionalmente, debes encontrar otras formas de satisfacerte emocionalmente. No es suficiente con solo comprender el ciclo de alimentación emocional o incluso comprender sus desencadenantes, aunque esto sea ya un gran primer paso. Necesitas alternativas a la comida, a las que puedas recurrir para obtener satisfacción emocional. Así que el siguiente paso será preguntarte y descubrir qué te hace sentir bien, cómo puedes cuidarte y cuidar tu cuerpo.

Alternativas a el hambre emocional

Si estás deprimido o solo, llama a alguien que siempre te hace sentir mejor, juega con tu mascota, o mira tu foto favorita o trae a tu cabeza un grato recuerdo. Sal de tu casa y busca sitios donde hay gente u ofrécete como voluntario para alguna causa.

Si estás ansioso, usa esa energía para ponerte a bailar con tu canción favorita, agarra una pelota antiestrés o sal a caminar a paso ligero. Limpia ese armario, ordena tu ropa por colores o haz eso que te quedó pendiente.

Cuando estés agotado, disfruta de una taza de té caliente, tómate un baño relajante, enciende algunas velas aromáticas o tápate con una manta agradable.  Mira tu serie favorita o escucha música que te permita relajar.

Cuando estés aburrido, lee un buen libro, mira un programa de comedia, explora la naturaleza o realiza una actividad que te guste: tocar la guitarra, dibujar, colorear, hacer pulseras, etc. Construye un sueño u objetivo que te motive a ponerte en acción. Siempre hay cosas por explorar.

Leer mi blog con mis 10 consejos personales para bu bienestar emocional. 

Espero que este artículo te ayude a descubrir si eres de «comer emocionalmente» y si es así, te ayude a encontrar formas de lidiar con tus emociones, que no sean a través de la comida. Si necesitas ayuda estaré encantada de trabajar contigo y encontrar juntos una solución.

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